Contra la memoria de pollito

Borgo a Mozzano, un pueblo toscano poseído por la leyenda

Como muchas fiestas comerciales sueles recordarla una semana antes de su inicio y olvidarla 24 horas después. Comercial, porque en todos los países que no han tenido una historia ligada a las tradiciones célticas Halloween se ha popularizado sólo como una excusa mercantil. Motivación, probablemente seguida por los emprendedores que convirtieron a Borgo a Mozzano en la sede italiana de esta fiesta, que a mi juicio no demerita sus resultados.

Cada año el pueblo de la provincia de Lucca, durante tres días, acoge 40.000 espectadores, gracias al esfuerzo de una población que adoptó esta celebración, la enriqueció con leyendas locales y la convirtió en todo un acontecimiento popular, acogido por la belleza misteriosa de sus estrechas calles, casi sacadas de una película de vampiros.

La fiesta de Halloween se ha puesto de moda hace pocos años. Los suficientes, para que este presente durante toda mi vida. Primero porque es mi cumpleaños y segundo porque si viene de Estados Unidos se pone de moda en Colombia y en el resto de América, no olvidemos que es un continente y no un país.

Me he visto disfrazada de todo, bruja, bailarina, cumbiambera, india, etc. Lo ratifica el registro minucioso de mis padres, que cada año estampaban la imagen de la nueva caracterización. Recuerdo salir con mi hermano mayor, de la mano de mi madre, a pedirle dulces a nuestros vecinos, recorriendo las calles de mi barrio en Barranquilla.

Encontrar una celebración que superaban mis recuerdos infantiles, muy cerca de Pisa, fue toda una sorpresa. En Borgo a Mozzano celebran Halloween a lo grande. Desde el 29 hasta el 31 de octubre ofrecen conciertos gratuitos, actividades para los niños, espacios para bailar, atracciones como el pasaje del terror, stands de cerveza, comida rápida, souvenirs y una decoración fashion macabra en cada rincón del centro histórico, en fin, una celebración que también recordarán muchos ragazzi italiani como algo suyo.

Mi madre siempre me decía que tengo memoria de pollito, un símil que equipara mi capacidad de recordar con  el tamaño del pequeño animal. Tiene razón, la memoria es una destreza que no me he preocupado por cultivar. Por eso antes que olvide todo lo que vi, se los cuento.

En Italia esperé encontrar, como en España, la típica fiesta de discoteca, en su lugar, encontré una celebración que se nutre con leyendas locales, atribuyéndose un estrecho ligamen con lo arcano y el misticismo. Sobre todo porque el escenario ayuda.

Desde el siglo XIV se alza su famoso Puente del Diablo. Según la leyenda fue construido mediante un pacto con Lucifer y un constructor incapaz de terminar la labor encomendada. Luego entra en juego la imaginación de una asociación, formada por un equipo creativo que cuida cada detalle de la organización y que ha conseguido convertir su proyecto en la primera y gran Halloween Fest d’Italia.

La idea partió de la motivación de un vecino de B. A Mozzano que después de vivir años en Nueva York y seducido por el cortejo místico del 31 de octubre, regresó a su tierra y en 1993 emuló, junto con otros apasionados, esta fiesta.

Al llegar, a la estación de tren no me imaginé que estaba en el lugar correcto. Una vieja estructura te da la bienvenida. Dos carteles colgados con los horarios de los trenes, la maquina de timbrar el billete, una banca para tres personas y poca cosa más. Ni un alma.

Segundos bastaron para escuchar la música de los puestos de comida, principalmente de hot dogs, patatas fritas y panini ubicados justo detrás de la estación. Después sentí el ambiente de la fiesta: callejones decorados con los carteles de un diseño exquisito, un circuito de altavoces que emiten música misteriosa en todo el pueblo, una pantalla gigante en la plaza principal donde se proyectan partes de películas de terror, stands que venden cerveza, tarimas de conciertos, estructuras públicas que se convierten en pequeñas discotecas con música y rincones que ocultan obras que describen una leyenda. Además tienes atracciones como el pasaje del terror y muchas más que se recogen en el programa publicado en su web.

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Lo mejor se guarda para el 31 pero preferí pasar el 30, ahuyentada por la meteo que anunciaba mal tiempo. Vi pasear a familias enteras disfrazadas para la ocasión y a cientos de coches que luchaban para encontrar un sitio donde aparcar.

La música, el desfile, el show, acaba a las dos de la mañana. Las plazas del centro del pueblo, fácilmente recorrido en una hora, esperan sin prisas a que inicie la evacuación de las almas saciadas con vino, cerveza y diversión. Probablemente mi memoria de pollito olvidó muchos detalles dignos de contar. Por eso es mejor que el próximo año lo comprueben tomando un vuelo de Ryanair y un tren desde Pisa hacia el pueblo del horror. Sino llueve, recuerden que estamos en la Toscana.


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SUPER@ndo la Escuela

Llegué por equivocación y no me arrepiento. De la fachada de un antiguo palacio colgaban dos grandes carteles anunciando la oferta formativa de la Escuela SUPERIOR de Arte Franco Russoli. Uno, explícitamente incluía Gráfica y diseño publicitario. Que gran oportunidad, pensé. Luego de destinar horas en Internet buscando cursos de artes gráficas, en pleno centro de Pisa y a pocos pasos de la transitada Piazza Cavallieri estaba lo que necesitaba.

Faltaba poco para que finalizara mi primer agosto sin cines abiertos y en medio de la excitación de ver una gran oportunidad de reciclaje y mi poco vocabulario de italiano pedí, suplicante, mi admisión a lo que pensaba era algo similar a una escuela técnica después del bachillerato. Para que nos entendamos, una especie de laboratorio para adquirir un oficio.

“La inscripción es para su hijo?” me preguntó una de las secretarias de la escuela. “Non ho figli, sono io che voglio fare la registrazione”. (No tengo hijos, soy yo que quiero hacer la inscripción.)

Cuando escuché el timbre, a tres metros de llegar a la puerta de ingreso, recordé la escuela. Vi chicos muy jóvenes entrar. En contraste, observé su notorio estilismo, minoritariamente marcado en las escuelas españolas. Punkis, Pops, seguidores de los 60’s, chicks de look clásico, sports, góticos y muchos hippis. Ipods, móviles modernos, cigarrillos, mochilas, Converse completaban el attrezzo perfecto de un rincón destinado a la educación artística en un contexto juvenil.

En Italia, en general en Europa, la educación pública ofrece a los jóvenes la posibilidad de acceder a una formación especializada durante el bachillerato. La escuela de artes es una de ellas. Las asignaturas se afrontan desde esa visión, en geometría, por ejemplo, se estudian las fórmulas para obtener las sombras dependiendo de la fuente de luz, que por cierto no es muy sencillo; el libro de texto de inglés es un resumen de una serie de artistas y sus obras más importantes, la informática es remplazada por el diseño gráfico y se trabaja con Macs el Photoshop, el Indesign, entre otros programas especializados. También se estudia plástica, historia del arte, literatura italiana, audiovisuales, sin olvidar la matemática, la física, la química, la religión y la educación física.

En medio de mi experiencia personal en el bachillerato artístico italiano he participado involuntariamente en las protestas contra la reforma educativa de la actual ministra Gelmini. La Ley propuesta establece el recorte del número de profesores, la inversión en educación y las horas de laboratorio, tanto en la educación básica como en la universitaria. Manifestaciones, paro general en el sistema educativo y muchos días sin recibir ni una sola clase.

Pienso que la idea de una especialización hacia una orientación profesional es buena, aunque con la poca experiencia en medio de mis compañeros, pienso que la metodología aplicada no es muy acertada, con tal de obtener resultados positivos. Después de una licenciatura en periodismo y 8 años de experiencia profesional, mi motivación es un muy distinta a la de los jóvenes que sólo esperan una oportunidad para hacer campana* o saber más o menos matemáticas.

Me admitieron en el último año, quinto, y he recordado lo poco preparada que salí del bachillerato en mi país. Pienso que mis compañeros tendrán el mismo problema o tal vez otro más grande sino se dedican a una rama artística.

Mi nivel de italiano ha mejorado mucho, salgo temprano para estar a las ocho de la mañana en la escuela. No asisto todos los días, sólo voy a las clases que considero interesantes. También recibo lecciones de Sociología en la Universidad.  No he encontrado mucha formación de diseño de la que ya sabía, pero he descubierto un método eficaz de aprender un idioma y un divertido placebo del elixir de la juventud, definitivamente no me arrepiento.

*Faltar a clases.

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